miércoles, 17 de septiembre de 2008

UNA CARTA FINAL

Ni aún con el dolor que provocan los desencuentros cuando se está enamorado, he dicho cosa que recuerde tan desagradablemente como mi último e-mail hacia vos. Entonces pido perdón. Cancelo, cancelo, cancelo. Si no hice eso amando, tanto menos debo hacerlo así, cuando no estoy enamorado, cuando no existe fuerza de dolor que me lleve a hacerlo.
No voy a discutir tus actos ni voy a explicar los míos. No voy a pelear con los recuerdos de esos meses que pasé con vos. Muchas gracias de verdad. No voy a maldecirte, no, no lo voy a hacer. No entiendo de qué hablas, qué 17, qué nada... no me suma ni me resta. No se aplica.
Vos vas a hacer tu vida de la manera que creas más conveniente y yo voy a hacer lo propio con la mía. Esta situación me provoca malestar, un nudo en la garganta que no quiero, que no tengo porque padecer. Yo ya era Jesús antes de vos y seguiré siendo sin pedir permiso.
Espero no tener que contactarme nuevamente. Este es pues, mi último e-mail. Deseo que lo respetes. No soy quien para decirte qué hacer y qué no hacer. Deseo que optes por el amor, deseo que no andes leyendo mis blog para perseguir versos de mi poesía, eso podría lastimarte todavía más de forma innecesaria. Ahora bien, harás lo que quieras. Te devuelvo tu alma, yo tengo la mía.
Estemos en paz.

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