jueves, 17 de diciembre de 2009

ABSOLUTAMENTE CONMOVIDO


Escribo buscando por fin dejar salir de mi pecho la tristeza y la angustia que me provoca, extrañamente, esta sensación de paz que me trae conocer que estoy en el camino correcto, el que elijo, el que puedo y me hace feliz.
Contradictoriamente esa felicidad me quita el aire. Un aire que se hace viento fuera de mí y que oigo pasar atemporal y tierno entre las hojas de los árboles que dan a mi ventana y fantaseo, con que es el alma de Romina Elisandro que viene a visitarme.
La muerte, cuando viene a visitarnos, con su traje de juventud y su sonrisa… es algo a lo que no podemos negarnos. Quedo así vencido a esa imagen eterna de Romina, sonriendo y hablándome de su propia muerte con miedo, insegura y esperanzada hasta el dolor final. Dudo haber podido conseguir aliviar un mínimo de su dolor. Hubiera entregado mi cuerpo a las llamas por su bienestar, pero es algo que sencillamente no pude hacer.
Romina murió el nueve de diciembre último. En el momento de enterarme, no se, no sabré jamás si lo sentí o me inventé; el consuelo de no poder manejar lo inevitable. Una mezcla rara de espanto y tranquilidad me quebró la piel, me atravesó el alma, anuló mi voz y solo pude expresar: “Por fín chinita dejaste de sufrir”.
Me oculté detrás del maquillaje, me escondí en mis obligaciones y es solo ahora, ocho días después del deceso, cuando puedo darme cuenta de que ya nunca más voy a verla llegar y que el viento es aire que corre y no es ella.
Hoy, ahora, diecisiete de diciembre de dos mil nueve; concluyo una etapa que está plagada de sensaciones encontradas. Mi adultez con sus decisiones de hombre, mi familia, convertida en un rompecabezas que me atrevo a armar desde el sillón de mi análisis; mi medicación y mi no miedo a ninguna enfermedad porque mi mente está sencillamente sana para combatir cualquier amenaza a este plan de vida que me he decido llevar a cabo.
Termino la primera vuelta de una carrera que será para siempre. Lo hago cansado, y orgulloso de ese cansancio. Ofrezco agradecimiento a mis compañeros de ruta. Hubo momentos terribles dije, y los hubo de completud también. En ninguno de los casos estuve solo. Mis compañeros, los amigos de siempre, los de toda la vida, los de ayer, los de mañana… los profesores, los vecinos, los médicos, los amigos de los amigos que preguntaron por mí y rezaron por mi salud en todas las formas y en todos credos.
Éste ha sido para mí el año del descubrimiento. Vi nacer un cáncer dentro de mí y vi también cómo se deshacía. Ví un ángel en forma de fuente lumínica y vi ángeles con forma de hombres. Todos eran buenos.
De Entre la muerte, la vida y mi amor por Rubén. Ese hombre que es mi amigo, mi compañero, mi padre y mi amor. Ese hombre que es mi guía en esta estructura del héroe en la que se espera que llegue yo al final del camino, convertido en la flor del fango, espléndido y feliz en mi naturaleza de ser simplemente un hombre.
He sido llamado a hacer grandes cosas, importantes para mi plano delgado y mortal, he sido llamado a decir cosas que no se dicen por temor, pero yo no temo. He conseguido vivir con la libertad que solo consiguen los iluminados. Pero nada de esto es un privilegio, nada de esto es un beneficio personal. Esto es una responsabilidad y la realización será dada cuando el beneficio ( si lo hay ) sea conjunto.
Nada puedo comenzar si no me detengo a decir gracias y a pedir perdón. En el momento en que lo hago, pido perdón y perdono.
Que descansen pues los fantasmas de todo lo que fue, que viva en mí la memoria de Romina, que viva en mí el amor de Rubén; Viva en mí la mirada cansada de mis abuelos. Refuércenme a mí, el amor de mis amigos. Acompáñenme a mí, los compañeros. Pongan en mí los instructores las palabras del conocimiento; yo buscaré de algún modo hacer efectivo el sueño de ver al arte como el arte se merece ser visto.
Por el resto, quedo confiado en el Universo. Llegará cuando deba ser o no será. Ya nunca más será estéril ni un solo día de mi vida bajo el sol.
Navidad es nacimiento. Que el niño Dios tenga un pesebre esperándolo en los pies de cada hombre, que cada hombre sea un árbol y que cuando este árbol esté preparado para ser madera, se construya con él una guitarra, un piano, un tambor… y podamos todos sin importar el instrumento que elijamos tocar, cantar la misma canción de paz.
Q.E.P.D los muertos.

Jesús Navarro

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